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HOUSE ON HAUNTED HILL

HOUSE ON HAUNTED HILL

El cine es una montaña rusa. Un carrusel. Un espectáculo de feria que se toma, demasiadas veces, más en serio de lo que debería. Así lo entendía William Castle, autor de la original "House on Haunted Hill"... Y así han sabido entenderlo también Joel Silver, productor, y William Malone, director, a la hora de actualizar este clásico del miedo, netamente satánico.Sí. He dicho satánico. Pero satánico en el genuino sentido que Anton LaVey, llorado mago, organista de feria y fundador de la Iglesia de Satán, supo darle al término. Es decir, no hay aquí más que diversión pura, escalofrío, susto, atmósfera. Un mareante túnel del miedo, al que se ve arrastrado el espectador cómplice, arropado por una estética neogótica y siniestra que (`por fin!) se nos muestra, lejanos ya los días de Seven (tan de los 90), abiertament kitsch, pop y comercial. Pero, por debajo, subyace una hábil exposición de las debilidades, vicios y traiciones propias del ser humano en lucha por la supervivencia. Sexo, dinero y un matrimonio sadomasoquista y encantador, compuesto por un Geoffrey Rush convertido en Vincent Price (ya ensayaba para ello en Elizabeth), y una mala, malísima y guapísima Famke Janssen, se dan cita en un caserón Art Déco y futurista cuyos ángulos malditos harían las delicias de Lovecraft, y en el que si no detecto lo trapezoide sí que está presente el mal puro. Es decir: la huella que los seres humanos dejan a su paso por la Tierra. No nos tomemos tampoco demasiado en serio esta crítica. "House on Haunted Hill" es diversión inteligente, espectáculo de feria... o sea, buen cine.Lo mejor: el dúo tragicómico de Rush y la Janssen.Lo peor: que no mueran todos, caramba.

Fuente: Fotogramas